jueves, 24 de abril de 2008

COMO EXPERIMENTAR LA PRESENCIA DE DIOS

Por Alberto Valdivia Cier


Texto: Salmo 27:4-6

Solo una cosa he pedido al Señor, solo una cosa deseo: estar en el templo del Señor todos los días de mi vida, para adorarlo en su templo y contemplar su hermosura. Cuando lleguen los días malos, el Señor me dará abrigo en su templo; bajo su sombra me protegerá.
¡Me pondrá a salvo sobre una roca! Entonces podré levantar la cabeza por encima de mis enemigos; entonces podré ofrecer sacrificios en el templo, y gritar de alegría, y cantar himnos al Señor.



La Biblia enseña con mucha claridad que Dios está en todas partes, que él se encuentra en el último rincón del mundo así como en la parte más íntima de nuestro ser. Sin embargo eso no quiere decir que todos los seres humanos sienten, experimentan o perciben a Dios en sus vidas, la mayoría de ellos viven como si Dios no existiera, pues no son capaces de experimentarlo. Pero en el momento en que la persona se encuentra con Dios entonces Dios se hace real y experimental en su vida, a eso la Biblia llama PRESENCIA DE DIOS. En otras palabras, presencia de Dios es la manifestación de Dios hacia los hombres que le buscan de verdad.
Esa manifestación o presencia de Dios no es una experiencia visible o audible de Dios, más bien es una seguridad o certeza de que Él está a nuestro lado amándonos y cuidándonos.
¿Por qué es importante su presencia?, porque su presencia nos trae la paz y la felicidad para nuestras almas (Ex 33:14) y sin su presencia no podemos hacer nada (Ex 33:15)
Veamos que debemos de hacer para poder experimentar su santa presencia:

1. HAY QUE DESEAR LA PRESENCIA DE DIOS

"Solo una cosa he pedido al Señor, solo una cosa deseo: estar en el templo del Señor
todos los días de mi vida" (Sal 27:4a)

Lo primero que hay que tener es un deseo sincero y profundo de experimentar de su presencia. Hay muchos que asisten a la iglesia, o hacen oraciones sin tener un anhelo sincero por Dios. Algunos buscan a Dios no porque lo desean a él sino porque desean las cosas de Él.
Antes que le pidamos otra cosa comencemos pidiéndole que se manifieste en nuestra vida, como David lo hacía aquí cuando decía Una cosa he demandado (he pedido) al Señor. Experimentar su presencia debe de ser el principal pedido que le hagamos a Dios, el deseo que debe invadir nuestro corazón.
Buscar la presencia de Dios debe de convertirse también en la meta de nuestra vida, (David se propuso buscarla). Nos planteamos metas financieras, familiares, personales pero muy pocas veces nos planteamos metas espirituales. Esta debe de ser la principal meta de tu vida.
Por último debemos anhelar su presencia Todos lo días de la vida. Es un asunto de continuidad y perseverancia, no debe ser algo que deseemos un día, sino todos los días.
Si nos planteamos como meta buscar su presencia todos los días de nuestra vida y le pedimos a Dios que nos dé su presencia, estaremos sinceramente anhelando su presencia y por lo tanto estaremos cerca de experimentarla

2. HAY QUE CENTRAR NUESTRA ATENCIÓN EN DIOS

"para adorarlo en su templo y contemplar su hermosura" (Sal 27:4b)

Luego de desear su presencia debemos también centrar nuestra atención en Dios mismo. Si es su presencia la que anhelamos entonces debemos de poner toda nuestra atención en su ser. Hay quienes dicen que buscan a Dios pero en realidad lo que están buscando es un favor de Dios.
Contemplar significa “fijar la mirada en algo”, es olvidarte de los demás y de ti mismo y concentrarte en Dios en una actitud de quietud y calma (Sal 141:8). Pablo admiró a Dios camino a Damasco, Pedro admiro a Jesús el día de la pesca milagrosa, Esteban admiró a Dios mientras era apedreado, Juan admiró a Jesús cuando se le presento para revelarle el Apocalipsis, Tomas admiro a Jesús cuando toco sus llagas, etc.
Hay que centrarnos en la persona y carácter de Dios, en una actitud de admiración y adoración. Olvidémonos por unos momentos de nuestra necesidad y en nosotros mismos, y centrémonos en la belleza de nuestro Dios.
Dios es totalmente admirable; Él es santo, puro, perfecto, sublime, poderoso, grandioso, infinito, inmenso, inmensurable, eterno, inmutable, justo, soberano, misericordioso, clemente, compasivo, amoroso, perdonador, consolador, paciente, fiel, etc. Hay tanto porque admirarlo y adorarlo ¿Por qué no lo hacemos?
Inquirir en su templo. Una forma preciosa de admirar y contemplar a Dios es por medio de su Palabra, ella nos revela el carácter de nuestro Señor. Por eso debemos de inquirir, examinar su santa Palabra pues ella también es un medio para llevarnos a su santa presencia. La iglesia ayuda a los buscadores de Dios a entender mejor la escritura.

3. HAY QUE ESPERAR LA BENDICIÓN DE DIOS

“Cuando lleguen los días malos, el Señor me dará abrigo en su templo;bajo su sombra me protegerá. ¡Me pondrá a salvo sobre una roca!. Entonces podré levantar la cabeza
por encima de mis enemigos" (Sal 27:5,6a)


Si buscamos a Dios en primer lugar tengan por seguro que luego Él nos lo demás (Mt 6:33). Al estar en su presencia recibimos bendición de Dios, pues de su presencia emana bondad, amor, paz, gozo, poder, fortaleza, etc. lo cual llega directamente a nuestras vidas
Debemos de esperar grandes cosas de Dios. Debemos mantenernos en expectativa de lo que Él hará por nosotros. David menciona algunas de las cosas que Él nos puede dar.
Lo primero que Dios nos puede dar al tener un encuentro con Él, es la ayuda en los momentos de dificultad. Nos puede dar consuelo, protección y fortaleza espiritual.
Nos puede hacer conocer más de su persona, de lo íntimo de su ser, de tal manera que podamos salir más llenos de Él.
Luego levantará mi cabeza sobre mis enemigos. Nos puede levantar espiritualmente, dándonos fuerza, victoria, libertad espiritual y autoridad sobre nuestros enemigos. El pecado es nuestro enemigo, el diablo también, Dios nos puede dar victoria sobre ellos

4. HAY QUE ENTREGAR NUESTRAS VIDAS A DIOS

“entonces podré ofrecer sacrificios en el templo, y gritar de alegría, y cantar himnos al Señor" (Sal 27:6b)

Todo lo que hemos visto hasta ahora tiene que ver con las actitudes que debemos de tener para poder experimentar la presencia de Dios en nuestra vida, pero hasta ahora no hemos visto el acto concreto que nos lleva a la misma presencia de Dios.
David aquí termina diciendo que él sacrificaría y alabaría a Dios. Sacrificar simboliza la entregar de una vida. Es nuestra vida la que debemos de rendir a los pies del Señor. Debemos de rendirnos a Dios con gozo y alabanza pues Él es nuestro dueño y Señor. Debemos de morir a nuestro yo para que Él viva en nosotros como Pablo lo decía en Gal 2:20 “Con Cristo estoy juntamente crucificado y ya no vivo yo, más Cristo vive en mí”

Amigo, usted debe de entregarse a Jesús hoy mismo, reconociendo que usted es pecador y reconociendo que Jesús es el salvador de su vida, entonces todo ese anhelo y expectativa que usted tiene por la presencia de Dios se volverá una experiencia en su vida, y disfrutará de la paz y el amor de Dios en su corazón.
Hermano, usted debe rendir más de su vida a Jesús para que pueda experimentar más de santa presencia. No se conforme con lo que tiene de Dios, él desea estar más cerca de usted.

sábado, 1 de marzo de 2008

¿POR QUÉ ES NECESARIO LA JUSTIFICACIÓN?

Por Alberto Valdivia Cier

Texto: Romanos 5:12-21

"Así pues, por medio de un solo hombre entró el pecado en el mundo y por el pecado entró la muerte, y así la muerte pasó a todos porque todos pecaron. Antes que hubiera ley, ya había pecado en el mundo; aunque el pecado no se toma en cuenta cuando no hay ley. Sin embargo, desde el tiempo de Adán hasta el de Moisés, la muerte reinó sobre los que pecaron, aunque el pecado de estos no consistió en desobedecer un mandato, como hizo Adán, el cual fue figura de aquel que había de venir.
Pero el delito de Adán no puede compararse con el don que Dios nos ha dado. Pues por el delito de un solo hombre, muchos murieron; pero el don que Dios nos ha dado gratuitamente por medio de un solo hombre, Jesucristo, es mucho mayor y en bien de muchos. El pecado de un solo hombre no puede compararse con el don de Dios, pues por un solo pecado vino la condenación; pero el don de Dios, a partir de muchos pecados, hace justos a los hombres. Pues si la muerte reinó como resultado del delito de un solo hombre, con mayor razón aquellos a quienes Dios, en su gran bondad y gratuitamente, hace justos, reinarán en la nueva vida mediante un solo hombre, Jesucristo.
Y así como el delito de Adán puso bajo condenación a todos los hombres, así también el acto justo de Jesucristo hace justos a todos los hombres para que tengan vida. Es decir, que por la desobediencia de un solo hombre, muchos fueron hechos pecadores; pero, de la misma manera, por la obediencia de un solo hombre, muchos serán hechos justos.
La ley se añadió para que aumentara el pecado; pero cuando el pecado aumentó, Dios se mostró aún más bondadoso. Y así como el pecado reinó trayendo la muerte, así también la bondad de Dios reinó haciéndonos justos y dándonos vida eterna mediante nuestro Señor" Jesucristo.



Cuando estaba en el colegio muchas veces por motivos de enfermedad tuve que faltar, entonces mis padres enviaban una carta al colegio explicando el motivo de mi falta, ellos aceptaban la explicación y colocaban en el registro de asistencia el sello "falta justificada". Yo tenía una falta real pero no era contada como tal porque había sido perdonada.
De este ejemplo podemos deducir que Justificación es el acto por el cual somos perdonados de una falta cometida, de tal forma que se nos declara sin culpa, limpios y justos sin merecerlo.
La escritura declara con toda claridad que Jesús nos ha justificado, eso quiere decir que él nos ha declarado justo, limpio de todo mal, aunque realmente somos culpables, y es gracias a este acto de justificación que podemos encontrar ahora la paz con Dios (Romanos 5:1).
Pero ¿Cuál es la falta que hemos cometido todos los hombres que ha generado la necesidad de ser justificados?, ¿Qué cosa terrible hay en nosotros que se hace necesario ese acto de justificación para poder restaurar nuestra relación con Dios?. Pablo responde a estas preguntas de la siguiente forma:
Necesitamos ser justificados porque somos pecadores (v.12-13) Para que exista la justificación es necesario que exista previamente una falta, ¿Cuál es la falta cometida por el hombre que empuja a Dios a venir a nuestra ayuda para justificarnos?. Pablo en el v.12 de este texto nos muestra que la falta del hombre es el pecado, y que este mal entró a la humanidad a través de Adán. Siendo el hombre una criatura que se reproduce genéticamente (a diferencia de los ángeles que son creados individualmente), el mal que penetró en Adán y Eva se propagó a todos los hombres, de tal manera que en Adán todos nos contaminamos.
Pecado significa "errar el blanco", es tomar el camino equivocado, es dejar a Dios para ir en pos del mal, eso fue lo que hizo nuestros primeros padres, y a partir de ese momento el mal penetra en nosotros y aparece esta inclinación que la Biblia llama concupiscencia, y que nos impulsa a seguir lo malo. Este es pues nuestro gran problema.
Todos nacemos con la naturaleza pecaminosa en nuestras vidas, es decir el pecado original, pero luego esa inclinación termina venciendo nuestra débil resistencia y nos lleva a cometer actos pecaminosos, a eso se llama pecado personal, por lo tanto somos pecadores por naturaleza y también por nuestras propias acciones.
El pecado produce muerte y condenación (v. 14) ¿Qué produce el pecado en el hombre?. El pecado produce muerte, y muerte significa separación, es decir que el pecado primeramente nos separa de Dios, luego nos separa de la creación, también de nuestros semejantes, de nosotros mismos y finalmente separa nuestro cuerpo de nuestras almas (a esto llamamos muerte física). El pecado ha originado un reino de muerte en nuestro planeta, todo esta dividido, fragmentado, y deteriorado, es necesario la "reconciliación" con Dios para que todo sea restablecido.
Pero además el pecado produce también condenación, pues el mal que el hombre comete debe ser juzgado por un Dios justo y equitativo, quien tiene el deber de establecer la equidad en el universo entero. ¿Creen que no es justo que se juzgue todas las violaciones, asesinatos, destrucción de la naturaleza, e infinidad de aberraciones que los hombres han hecho por miles de años?, por supuesto que es justo y necesario, para mantener el principio de justicia en el universo entero. Por lo tanto el hombre esta en peligro de ser condenado eternamente, por eso necesita ser liberado urgentemente del mal y ser justificado de tan inmensas faltas.
Jesucristo es el único que nos puede justificar (v.15-21) ¿Qué plan ha establecido Dios para liberar al hombre de su triste condición?, ha enviado a Jesucristo a justificar nuestras faltas y librarnos de la condenación. Jesús es como un segundo Adán, mientras que por el primer Adán el pecado y el mal entraron a todos los hombres, por el segundo Adán vino la gracia y el perdón de Dios a toda la humanidad.
Era necesario que otro hombre perfecto sea el que nos liberara de nuestra condición caída, Jesús es ese hombre perfecto. El primer Adán fue tentado en el huerto del Edén y cayó, el segundo Adán fue tentado en el desierto y venció. Por uno solo entro todo el mal y por otro entró todo el bien, por la desobediencia de uno todos nos volvimos transgresores pero ahora por la obediencia de otro todos somos declarados justos.
En este hermoso paralelo que describe Pablo entre Adán y Jesús queda claramente definido la justicia de Dios, Él no nos ha querido dejar en nuestra condición de pecado, ha querido librarnos de nuestro mal, de tal manera que nadie puede quejarse ante Dios diciendo "Señor, no es justo que por el error de uno todos estemos sufriendo" pues el Señor responderá, "Hijo, eso ya ha sido compensado, pues ahora sin merecerlo, por la justicia de otro tú puedes ser justificado y perdonado, no tienes nada de que quejarte, si por uno el pecado entró en ti, ahora también por uno la justicia puede entrar en ti".
No hicimos nada para recibir la naturaleza pecadora en nosotros, lo recibimos solo por el hecho de estar "unidos" a Adán, ahora de igual forma, no haremos nada para recibir la justificación y perdón de nuestros males sino solamente estar "unidos" a Jesús, nuestro segundo Adán. En este principio se ve claramente la justicia de Dios y su inmensa misericordia para con nosotros.
Jesús es nuestro liberador perfecto, porque es un hombre total, que tienen una naturaleza humana completa pero en estado de inocencia, el pecado no penetró en él, fue lleno del Espíritu Santo desde el vientre de su madre y especialmente el día de su bautismo, por eso tiene una justicia propia y como representante nuestro, toma nuestro lugar y muere por nuestro pecado ganando el perdón para nosotros. Además Jesús es Dios, tiene la naturaleza divida en su segunda persona, el Hijo, esa condición hace que su sacrificio sea absolutamente puro y perfecto, por eso decimos que Jesús es el único que nos puede justificar.
Con Adán estabamos en el reino de muerte, bajo el gobierno de Satanás, pero ahora con Jesucristo hemos sido trasladado al reino de luz y vida, al reino de la gracia.
¿Qué aplicaciones prácticas puede tener estas verdades espirituales?
Primeramente estas verdades nos tienen que llevar a humillarnos ante Jesús, reconociendo que solo unidos a él podremos vencer nuestra condición de pecado y recibir perdón, también debe de llevarnos a agradecer al Señor eternamente por Jesús, nuestro salvador, quien es el que nos libera de todo mal. Por otro lado, siempre debemos de tener presente que a pesar de lo grande de nuestro pecado, con Jesucristo siempre habrá la oportunidad de ser perdonado y volver a comenzar. Alabemos al Señor por habernos dado un salvador y habernos justificado de nuestra terrible condición de pecador

miércoles, 10 de octubre de 2007

AVIVANDO EL FUEGO DE DIOS

Por Alberto Valdivia Cier

Texto: 2Timoteo 1:3-14

“Doy gracias a Dios, al cual sirvo desde mis mayores con limpia conciencia, de que sin cesar me acuerdo de ti en mis oraciones noche y día. Al acordarme de tus lágrimas, siento deseo de verte, para llenarme de gozo, trayendo a la memoria la fe no fingida que hay en ti, la cual habitó primero en tu abuela Loida y en tu madre Eunice, y estoy seguro que en ti también.
Por eso te aconsejo que avives el fuego del don de Dios que está en ti por la imposición de mis manos, porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio. Por tanto, no te avergüences de dar testimonio de nuestro Señor, ni de mí, preso suyo, sino participa de las aflicciones por el evangelio según el poder de Dios. Él nos salvó y llamó con llamamiento santo, no conforme a nuestras obras, sino según el propósito suyo y la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos, pero que ahora ha sido manifestada por la aparición de nuestro Salvador Jesucristo, el cual quitó la muerte y sacó a luz la vida y la inmortalidad por el evangelio.
De este evangelio yo fui constituido predicador, apóstol y maestro de los gentiles,, por lo cual asimismo padezco esto. Pero no me avergüenzo, porque yo sé a quién he creído y estoy seguro de que es poderoso para guardar mi depósito para aquel día.
Retén la forma de las sanas palabras que de mí oíste, en la fe y amor que es en cristo Jesús. Guarda el buen depósito por el Espíritu Santo que mora en nosotros”



En la Biblia se utiliza el símbolo del fuego para expresar la acción del Espíritu Santo en la vida del creyente.
El Espíritu Santo es fuego porque “calienta” nuestros corazones, esto tiene que ver con el ánimo y la motivación que el Espíritu pone en nosotros para continuar en el camino cristiano, no podemos seguir al Señor si es que no hay pasión y atracción hacia Él.
El Espíritu Santo es también fuego porque “ilumina” nuestro camino y nos guía en nuestra oscuridad, muchas veces no sabemos que decisiones tomar, pero el Señor nos muestra su perfecta voluntad.
El Espíritu Santo es fuego porque “purifica” nuestros corazones, limpia nuestras vidas de todo mal y nos hace brillar con la luz de Cristo.
Necesitamos que el fuego de Dios y la acción del Espíritu santo se aviven en nosotros.
Nuestras vidas son como brazas en una hoguera, brillamos mientras nos mantenemos en la intensidad del fuego, pero apenas nos apartamos nos apagamos fácilmente. Hagamos que el fuego de Dios crezca en nosotros

Timoteo experimentaba sequedad espiritual, Pablo le escribe esta carta para animarlo a despertar espiritualmente, sigamos estos consejos en nuestras propias vidas.

Oremos e intercedamos pidiendo un despertar espiritual. Lo primero que hace Pablo es orar por Timoteo, él sabía que el factor más importante que produce un despertamiento espiritual es la oración.
La oración ayuda a despertar la fuerza de Dios en el corazón de la gente, la oración es un medio transformador poderoso.
Jesús decía que debemos de orar y velar porque nuestro espíritu está dispuesto pero nuestra carne es débil, muchas veces somos sinceros en nuestro deseo de vivir una vida pura, pero hay en nuestro corazón mucha debilidad, es necesario encontrar fuerzas en Dios para poder vencer el mal que habita en nosotros, solo la oración puede desatar ese poder espiritual que viene del Espíritu y que nos impulse a la santidad.
Oremos pidiendo perdón por nuestros pecados y pidiendo el poder santificador de Dios, humillemos nuestros corazones delante del Señor e invoquemos su presencia en nuestras vidas.
No solo oremos por nosotros sino por toda nuestra comunidad, si el fuego de Dios se aviva en todos, la hoguera se hace más grande y de esa manera es más fácil mantener el “fuego” espiritual en cada individuo, pues podremos animarnos y contagiarnos mutuamente en este camino de fe.

Recordemos que tenemos una herencia de fe que debemos multiplicar. Pablo hace recordar a Timoteo que él había heredado la fe de su madre y su abuela, y que había recibido, a través de la imposición de manos, el encargo del ministerio.
Hemos recibido ya sea de nuestros padres o de otros hermanos la fe que hoy profesamos, una fe que ellos a su vez lo recibieron de otros. Tenemos la responsabilidad de que esta cadena de bendición que nos alcanzó no se corte, sino que prosiga haciendo bien al resto de generaciones.
El sentirnos comprometidos con esta tarea hace que nazca en nosotros la necesidad de elevar nuestra vida espiritual para que este acorde con la fe que proclamamos, nos crea la responsabilidad de ser modelo de fe para otros y por lo tanto la urgencia de buscar un despertar espiritual en nuestras vidas.
Pablo expresaba este sentimiento de esta manera: “Estoy en deuda con todos, sean cultos o incultos, instruidos o ignorantes, de allí mi gran anhelo de predicarles el evangelio” (Romanos 1: 14), que todos tengamos esta misma carga, pues la urgencia de cumplir esta responsabilidad nos impulsa a la santidad.

Liberemos el potencial que hay en nosotros. Pablo le hace recordad a Timoteo que él había recibido, por medio del Espíritu Santo, poder, amor y dominio propio, por lo tanto no debería tener temor a nada, pues la victoria del Señor era suya.
Dios ya ha derramado en nosotros toda fuerza espiritual, solo tenemos que permitir que fluya y crezca en nuestra vida. Tenemos poder para vencer toda adversidad y todo ataque del enemigo, amor para vencer nuestro egoísmo y entregarnos a los demás, y dominio propio para vencer nuestras debilidades y nuestras pasiones. ¡Nada nos falta para experimentar la victoria espiritual!.
Esto no es algo que podemos tener, ya está en nosotros, el Espíritu Santo lo ha derramado en nuestro corazón, ahora es necesario creerlo y permitir que fluya poderosamente en nuestras vidas.
Nunca digamos que no podemos, eso es una mentira, el Espíritu Santo está listo para darnos la victoria, quitemos de nosotros todo temor y duda. Nuestros pecados pueden ser vencidos, nuestros malos hábitos y nuestro egoísmo pueden ser derrotados, no hay nada que no puede ser doblegado por el poder de Dios, lo que tenemos que hacer es doblar nuestras rodillas ante Dios y humildemente pedirle que nos limpie para que todo el potencial que hay en nosotros se manifieste. No te doblegues al mal, puedes vencerlo, el Señor te ha capacitado para eso, solo actúa en fe y arrepentimiento y toma las armas de Dios.

Proclamemos el evangelio a pesar de nuestra frialdad. Timoteo estaba apagado y desanimado, probablemente habían pecados en su vida que generaron esta etapa de oscuridad en él, sin embargo Pablo le anima a proclamar el evangelio con toda su fuerza e involucrarse en la extensión del reino de Dios.
Cuando estamos mal espiritualmente tenemos la tendencia de dejar toda actividad espiritual, principalmente la proclamación del evangelio, nos sentimos hipócritas e incapaces de hacer algo para el Señor, el resultado de esta actitud es que terminamos más hundido en el mal que antes y con un fuerte sentimiento de culpa, esta actitud es totalmente contraproducente.
A pesar de nuestra frialdad, o de nuestros pecados, si nos mantenemos involucrados en la proclamación del evangelio, le damos oportunidad al Espíritu de trabajar en nuestra conciencia y generar el deseo en nuestro corazón de buscar al Señor con más intensidad. La propia actividad espiritual se convierte en un medio que Dios usa para doblegar nuestro corazón y llevarnos al arrepentimiento.
He aprendido a perseverar a pesar de todo, ni siquiera mis pecados me pueden alejar del amor de Dios, por supuesto soy conciente que estoy mal y que no debo seguir así, pero sé que el Señor me ayudará a salir de esta situación y que usará mi propia predicación para hablarme a mi mismo y doblegarme, Dios a usado este método una y otra vez en mi vida.
Cuando el pueblo de Israel peca al pedir un rey y desecha a Samuel como líder, Dios les dice: “No teman, ustedes han hecho este mal, pero a pesar de eso no se aparten de en pos del Señor, sino sírvanle con todo su corazón” (1Samuel 12:20). Noten que a pesar de nuestra situación de pecado, no debemos de alejarnos del Señor, ni dejar de servirlo, el Señor desea trabajar en nuestro corazón y llevarnos al arrepentimiento, por eso necesita que nos mantengamos cerca de Él para poder hablarnos a nuestra conciencia.
Proclama al Señor a pesar de tu situación espiritual, te aseguro que no podrás resistir doblegar tu corazón ante Él, la vergüenza invadirá tu alma y serás más conciente de que estas mal y necesitas arrepentirte.

Llénate de la Palabra de Dios. La Palabra de Dios aviva la fe y es un poderoso medio santificador, por eso mantenernos cerca de ella siempre será un factor de despertamiento espiritual.
Seguir el ejemplo y la enseñanza de la Biblia nos alejará del peligro de endurecer nuestro corazón, y nos sensibilizará en las cosas espirituales. El Espíritu Santo usa la Palabra para hablarnos en nuestro ser interior y guiarnos en nuestro camino.
Pero no solo es cuestión de leerla o escucharla, hay que vivirla, hay que permitir que penetre a lo más profundo del corazón y transforme nuestros sentimientos y pensamientos. No basta con conocer lo que la Biblia enseña o memorizar versículos, es necesario que la Palabra nos acompañe en cada actividad que hacemos, en nuestro diario vivir, para ello tenemos que tomar un texto y llevarlo en la mente durante todo el día y tratar de vivirlo y aplicarlo en cada situación de nuestra vida.
Lo importante es VIVIR LA PALABRA DE DIOS y no conocerla solamente.

Si aplicamos estos sencillos consejos les aseguro que el fuego de Dios se avivará en nuestros corazones, que así sea.

PREGUNTAS PARA PROFUNDIZAR

Lee Isaías 60:1 ¿De donde proviene el fuego espiritual? ¿Qué debemos de hacer para permitir que el fuego arda en nosotros? ¿Qué puede impedir que eso suceda?

domingo, 30 de septiembre de 2007

PELEANDO LA BATALLA DE LA FE

Por Alberto Valdivia Cier

Texto: 1Timoteo 6:11-19
Pero tú, hombre de Dios, huye de estas cosas y sigue la justicia, la piedad, la fe, el amor, la paciencia, la mansedumbre. Pelea la buena batalla de la fe, echa mano de la vida eterna, a la cual asimismo fuiste llamado, habiendo hecho la buena profesión delante de muchos testigos. Te mando delante de Dios, que da vida a todas las cosas, y de Jesucristo, que dio testimonio de la buena profesión delante de Poncio Pilato, que guardes el mandamiento sin mancha ni reprensión, hasta la aparición de nuestro Señor Jesucristo.
Aparición que a su tiempo mostrará el bienaventurado y solo soberano, Rey de reyes y Señor de señores, el único que tiene inmortalidad, que habita en luz inaccesible y a quien ninguno de los hombres ha visto ni puede ver. a él sea la honra y el imperio sempiterno. Amén

En la Biblia aparece continuamente escenas de guerras y conflictos. El pueblo de Israel libro muchas batallas contra los pueblos paganos que habitaban las tierras de Canaán, entre estas batallas sobresale la toma de Jericó, donde Josué con su ejercito dando vueltas alrededor de la ciudad amurallada, gritaron y las paredes se derrumbaron, tomando la ciudad con facilidad con la ayuda de Dios. La victoria de David sobre Goliat también es otra escena bíblica en la que se grafica el conflicto en la que el Pueblo de Dios se encontraba en aquellas épocas.
En el Nuevo Testamento, se describe otras batallas pero de naturaleza espiritual, como por ejemplo la tentación de Jesús en el desierto, en la que nuestro Señor tuvo que enfrentar los ataques despiadados del mismo diablo. También se describe las persecuciones a muerte, que tuvieron que enfrentar los primeros creyentes, y el Apóstol Pablo en sus cartas, muestra al cristiano vestido con una armadura espiritual listo para la guerra.
A través de estás escenas bíblicas, Dios quiere hacer evidente el conflicto espiritual que constantemente tenemos que enfrentar como Pueblo de Dios.
Nuestra guerra no es carnal ni terrenal, es una guerra espiritual, contra los poderes malignos y contra nuestra propia naturaleza pecaminosa. ¿Cómo podemos pelear esta guerra? ¿Cuál es la estrategia para vencer?

En toda guerra hay tres acciones básicas que los soldados realizan;
1. Huir del enemigo. Se diseñan uniformes de camuflaje para despistar al ejercito contrario, el objetivo es pasar desapercibido y de esa manera no ser atacados
2. Seguir una estrategia de ataque. Hay un plan diseñado previamente, acciones concretas que ayudan a asegurar la victoria
3. Pelear la batalla. Los soldados son preparados para la lucha cuerpo a cuerpo, se vuelven diestros en el uso de armas tanto ofensivas como defensivas
Es interesante descubrir que el Aposto Pablo también nos anima a utilizar estas tres estrategias de guerra para vencer en nuestros conflictos espirituales. A veces caemos fácilmente en manos del mal por no tener una estrategia de guerra, vale la pena tomar atención en estos tres principios.

1. Hay que huir del mal. Muchos caemos en el pecado porque nos exponemos demasiado a las tentaciones. Pablo decía “El que se siente firme mire que no caiga”, debemos de estar atento, cada uno sabe en que es débil, hay que evitar meternos en situaciones que alimenten nuestra carne y nuestras pasiones. A veces somos demasiados inocentes y nos entregamos fácilmente al diablo, no debemos de olvidar que el demonio es como un león rugiente que da vueltas alrededor de nosotros buscando nuestras áreas débiles para penetrar en nuestros corazones.
Recuerdo el caso de un amigo que tenía muchos problemas con el alcohol, era su gran debilidad, un día nos encontramos y me cuenta que había comenzado un gran negocio, el me explicaba que era un negocio que él “conocía muy bien”, y que le iba excelentemente, ¿Cuál es ese negocio? le pregunte, y con una sonrisa dibujado en su rostro me respondió, ¡una licorería!
A veces no solo somos inocentes sino también un poco tontos, por eso el diablo nos hace trisas. Huyamos de todo aquello que nos impulse a pecar, sobre todo si ataca nuestras propias debilidades. Los que luchan con el chisme no busquen la amistad de las “chismosas del barrio”, los que luchan con el sexo no frecuenten discotecas o lugares donde fácilmente se puede encontrar a alguien para pecar, los que luchan con el juego eviten tener dinero en el bolsillo. Huir y ocultarse es una estrategia de guerra, usemos este principio y la victoria estará de nuestro lado

2. Hay que seguir la justicia. Tenemos que tener una estrategia para destruir lo malo en nosotros, para ello hay que involucrarnos en actividades y acciones que fortalezcan la justicia, la piedad, la fe, el amor, la constancia y la humildad, debemos de buscar personas que practican este estilo de vida, y junto a ellos motivarnos a tener una vida santa. Hay quienes quieren estar limpios pero no quieren salir del basural, debemos de dejar todo estilo de vida, amistades o situaciones que no nos ayuden a desarrollar pureza y fe.
Recuerden que el campo de batalla es nuestro corazón y nuestros pensamientos, es allí donde el diablo envía sus dardos, debemos fortalecer nuestro ser interior, esa es una estrategia básica en la guerra espiritual. Hay quienes hacen muchas cosas en el día, pera la mayoría de esas actividades no edifican la vida espiritual, no aportan nada bueno a la vida del individuo. Si miras la televisión busca programas que te eleven como persona, que te transmitan valores, si sales a conversar con amigos dialoguen sobre temas que motiven tu desarrollo humano y no pierdas el tiempo en diálogos superficiales y absurdos, si vas a ver una película escoge una que tenga una buena enseñanza y no veas escenas violentas o terroríficas que lo único que va encender en ti es sentimientos negativos. Cuida tu alma, lo que ves, lo que sientes, lo que escuchas afectará para bien o para mal tu ser interior, por eso debes de involucrarte en actividades sanas y edificantes.
Hay quienes viven solo para trabajar, y no dedican ningún tiempo para desarrollarse como ser humano y como cristiano, cuidado con eso, el objetivo de la vida en la tierra es desarrollarnos como persona, y de esa manera aprender cada día a amar de verdad. El dinero, el trabajo, la familia son medios que nos deben ayudar a alcanzar esta meta, pero de ninguna manera pueden convertirse en el todo de nuestra existencia, cuando eso sucede nos debilitamos y nos volvemos presa fácil para el diablo en esta guerra espiritual que libramos a diario. Organicemos nuestro tiempo, involucrémonos en actividades que eleven nuestro espíritu y nos hagan ser mejores, verán que de esa manera seremos más fuertes interiormente.

3. Hay que pelear la buena batalla. Es inevitable la confrontación con el mal, el diablo y sus secuaces están a nuestro asecho, y es seguro que habrá algún momento que tendremos que enfrentarlo, además no hay que olvidar que la guerra no solo es contra satanás sino también contra nuestras propias debilidades carnales, por lo tanto la lucha siempre se va a dar en nuestro corazón.
Al igual que los soldados tienen que saber utilizar sus armas para la guerra, nosotros también tenemos que saber usar las armas espirituales que Dios nos ha dado para poder vencer en este conflicto.
Noten que Pablo describe a esta batalla como una batalla de fe. La fe es una de las primeras armas que debemos saber usar, alimentemos nuestra confianza y certeza en Dios, nuestros labios siempre deben de declarar la victoria de Jesús. No hay lugar para el pesimismo o negativismo, con Jesús todo lo podemos.
Muchas veces parecerá que las dificultades, las tentaciones y los fracasos son muy grandes y que es casi imposible poder enfrentarlo, pero no nos dejemos engañar, es solo apariencia, tenemos un Dios más grande que cualquier adversidad.
Para Israel los habitantes de Canaán eran gigantes, nadie podría vencerlos pero para Caleb, Josué y los que creyeron con ellos eso era posible porque Dios estaba de su lado, para Israel Goliat era invencible, nadie podía hacerle frente, pero para David ese gigante era un pecador y Dios podía derrotarlo. Hermanos enfrentemos la guerra espiritual en la que estamos con los ojos de la fe, no nos dejemos amilanar, luchemos confiados, la victoria es nuestra.
Pablo también nos exhorta a guardar la Palabra de Dios pues sabe que la escritura es clave en la batalla espiritual. La Palabra de Dios es una de las armas poderosas que tenemos a nuestra disposición, hay que saber usarla. No solo hay que escucharla y leerla, principalmente hay que guardarla. Guardar la Palabra de Dios significa que debemos permitir que las verdades de las escrituras penetren a lo más profundo de nuestras almas para que produzca cambio en nuestras vidas, no solo es escucharla sino interiorizarla hasta que llene nuestros pensamientos y nuestro corazón, cuando eso sucede nuestra fe se fortalece y nuestra conducta es influenciada por la verdad, ante eso el mal huirá de nosotros
Por último Pablo termina este párrafo con una hermosa alabanza al Señor. La alabanza es también un arma poderoso contra el mal, entre más gloria damos a nuestro Señor más libres somos, más gozo tenemos, nuestra fe se engrandece y atraemos el poder de Dios a nuestra vida. Satanás no resiste la alabanza sincera de los cristianos, alabemos y el mal huirá de nosotros.

He aquí tres principios que debemos tratar de cumplir, si lo hacemos tengan la seguridad que la victoria será nuestra. Adelante hermano, recuerden que en esta guerra no estamos solos, contamos con las fuerzas del Espíritu, busquémosle y rindamos nuestras vidas a Él.

Preguntas para profundizar

Lee Efesios 6:10-20 ¿Cómo esta compuesta la armadura del cristiano? ¿Cual de las armas es la que tú necesitas tomar? ¿Cuál es el arma de ataque más poderosa que poseemos?

martes, 11 de septiembre de 2007

LOS FRUTOS DE LA HUMILDAD

Por Alberto Valdivia
Texto: Lucas 14:1,7-14

Al ver Jesús cómo los invitados escogían los asientos de honor en la mesa, les dio este consejo: cuando alguien te invite a un banquete de bodas, no te sientes en el lugar principal, pues puede llegar otro invitado más importante que tú; y el que los invitó a los dos puede venir a decirte: ‘dale tu lugar a este otro.’ entonces tendrás que ir con vergüenza a ocupar el último asiento. al contrario, cuando te inviten, siéntate en el último lugar, para que cuando venga el que te invitó, te diga: ‘amigo, pásate a un lugar de más honor.’ así recibirás honores delante de los que están sentados contigo a la mes, porque el que a sí mismo se engrandece, será humillado; y el que se humilla, será engrandecido.
Dijo también al hombre que lo había invitado: cuando des una comida o una cena, no invites a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a tus vecinos ricos; porque ellos, a su vez, te invitarán, y así quedarás ya recompensado. Al contrario, cuando tú des un banquete, invita a los pobres, los inválidos, los cojos y los ciegos; y serás feliz, pues ellos no te pueden pagar, pero tú tendrás tu recompensa el día en que los justos resuciten.

La humildad es uno de los aspectos del carácter de Dios en la que poco reflexionamos, tenemos la tendencia de ver al Señor en su aspecto glorioso e imponente y nos olvidamos que Él también es humilde. La Escritura nos presenta a Dios en una actitud de servicio; él sustenta el universo, cuida de nosotros y protege a los desvalidos, su amor lo impulsa a entregarse a sus criaturas, a pesar de ser el Rey del universo asume actitudes de siervo.
Jesús reflejó total humildad desde su nacimiento hasta su muerte en la cruz, vivió entre los humildes, se sometió a las autoridades humanas, lavó los pies a sus discípulos, enfrentó el sufrimiento en silencio. Jesús aún ahora en su estado de glorificación se muestra humilde, recordemos sus palabras: “voy a preparar un lugar para ustedes”, Él es el Señor de señores sin embargo está preparándonos un lugar en el cielo para nosotros que somos sus siervos, ¡eso si que es humildad!
Es evidente que la humildad es la característica del cielo, nosotros somos llamados a tener un estilo de vida así, pues solo un corazón humilde puede sintonizar con el corazón de Dios.

¿Por qué es tan importante la humildad?

La humildad en primer lugar te libera. Jesús se da cuenta que la gente de esa época buscaban por todos los medios ocupar los mejores lugares y posiciones, hoy en día sucede lo mismo, son muchos los que viven en competencia tratando de mostrarse como mejores y superiores a los demás. Esto sucede incluso en la propia iglesia, muchos hermanos tratan de mostrarse más espirituales que los otros, haciendo resaltar sus dones y cualidades. Para esta gente la imagen y posición es muy importante, viven cuidando su reputación, están obsesionados por quedar bien ante los demás. Estas personas pierden su libertad, se esclavizan al orgullo y al amor propio, por eso son más vulnerables e hipersensibles, fácilmente pueden sentirse avergonzados y ridiculizados
En cambio los humildes son libres de estas debilidades, no les interesa demasiado su propia imagen, ni les importa mucho recibir preferencia o un trato especial, no buscan los aplausos de la gente, por eso el ataque o el menosprecio de algunos no les duele demasiado, ni se recienten fácilmente. El humilde experimenta más libertad, es más seguro de si mismo, más fuerte y maduro en sus emociones, su ego está controlado y por lo tanto están más dispuestos a entregarse a los demás y a amar antes que amarse a sí mismo.
La humildad nos quita mucho peso de encima, nos libra de muchas complicaciones innecesarias, hace que nuestro camino sea más sencillo y por lo tanto más feliz. Jesús no se equivoco cuando dijo “Dichosos los humildes”, pues solo los que poseen está cualidad son capaces de reír con sinceridad

La humildad también te eleva. Jesús recomienda a estas personas que en vez de buscar los primeros lugares, llenando sus corazones de orgullo y exponiéndose al ridículo, busquen más bien sentarse en los últimos asientos, para que su actitud humilde sea recompensada por los demás. La gente común aprecia a las personas humildes, son más tratables, escuchan, no atropellan, y no hablan de sí mismo, todas esas características hacen que caiga simpático, no es raro que se le conceda honores que ellos mismos no buscan, el orgulloso en cambio buscando esos honores muchas veces no lo reciben.
El que se humilla es exaltado, no solo por los hombres sino por el mismo Dios. Una persona humilde está más cerca del Señor, su corazón se doblega fácilmente, se siente débil y necesitado y por eso puede refugiarse y entregarse con mayor libertad en los brazos de Dios.
Aunque parezca que es al revés, el humilde es una persona engrandecida, elevada, que sobresale entre todos y es apreciado por los demás, en cambio el orgulloso es una persona empequeñecida, ridícula, que pierde valor e importancia, a pesar que el hace todo lo posible por sobresalir, pero no lo consigue, su orgullo lo afea y crea un rechazo natural entre la gente.
La humildad nos humaniza, nos hace sensibles a los demás, nos ayuda a morir a nuestro egoísmo y egocentrismo, nos prepara para amar, nos ayuda a poder entregarnos con libertad, pero sobretodo, la humildad nos une profundamente a Dios

La humildad te acerca a los menospreciados. Jesús desea que siempre tomemos en cuenta a los necesitados y menospreciados, por eso nos anima a que abramos nuestro corazón y nos acerquemos a ellos, pues solo de esa manera mostraremos que somos realmente humildes. El desprecio y la discriminación es muestra de un corazón orgulloso. Es una lástima que exista tantas personas que menosprecian a los demás por su color de piel, su nacionalidad, su sexo, su nivel social, etc. Aquellos que hacen esto no reflejan para nada la verdad del evangelio, y aunque se llaman así mismos cristianos en verdad no lo son.
Jesús no solo nos pide que “ayudemos” a estas personas, sino que convivamos con ellas, que le hagamos sentir cercanos a nosotros, es de esta manera cuando nuestra humildad es puesta a prueba. Es muy fácil dar algo material, pero es más difícil dar el corazón, es muy fácil darles pan para que coman, pero es más difícil invitarlos a comer con nosotros, y permitir que compartan nuestra mesa y disfruten lo que nosotros disfrutamos.
Nos gusta estar cerca de nuestros amigos y parientes, eso no está mal, pero Jesús desea que también abramos nuestro corazón a los menospreciados, y permitamos que ellos experimenten nuestra cercanía. Solo los humildes son capaces de hacer esto, y cuando lo hacen disfrutan del verdadero sentido de la vida, que es darse a los demás.

La humildad trae recompensa. Ser humilde nos hace feliz, nos libra de tantos males, principalmente de nuestro egoísmo. En sí misma la humildad nos trae recompensa en la vida, nos ayuda a relacionarnos mejor con los demás y a encontrar satisfacción espiritual.
Sin embargo hay un beneficio mayor que la humildad nos otorga. La Biblia enseña que el Señor promete recompensar a los humildes, no necesariamente en esta tierra sino en la eternidad. ¿Cuál es esa recompensa?, la recompensa es el cielo.
La humildad nos abre las puertas del cielo de par en par, pero no pensemos que la humildad es una cualidad que nosotros podemos desarrollar, o que está en nosotros y solo hay que dejarla fluir, no, la humildad es un fruto de Dios, solo el Espíritu Santo lo puede producir.
Si la humildad nos abre las puertas del cielo podemos terminar creyendo que si nos esforzamos por ser humilde ganaremos la vida eterna, no hay nada más falso que esto, NADIE PUEDE SER HUMILDE DE VERDAD SI ES QUE PRIMERO NO SE ENTREGA A DIOS Y PERMITE QUE EL CAMBIE NUESTRO CORAZÓN EGOISTA Y PONGA EN NOSOTROS UN CORAZÓN HUMILDE, solo entonces la humildad se manifiesta en nosotros.
Es Cristo el que nos salva y nos lleva al cielo, si creemos en él nuestra vida es transformada y morimos a nosotros mismos, como consecuencia la humildad se hace evidente en nuestra conducta y de esa manera reflejamos en algo el carácter de Dios.
Busca al Señor cada día más, entrégale tu vida y verás que Jesús te moldeará y te hará como él, y serás humilde y sencillo de corazón, “Aprendan de mí, pues yo soy apacible y humilde de corazón, y encontrarán descanso para sus almas” (Mateo11:29), este es el secreto para ser humilde, experiméntalo.

PARA PROFUNDIZAR
Lee Mateo 5:3-5 ¿Qué características tienen los humildes? ¿Por qué crees que los humildes son dichosos? ¿Por qué crees que el Señor promete su reino a los humildes?

lunes, 3 de septiembre de 2007

CRISTO NOS HACE LIBRES

Por Alberto Valdivia

La libertad es lo que las personas más anhelan en la vida, todos deseamos ser libres de las presiones, la intolerancia, las normas tradicionales. Pero sobretodo los jóvenes desean ser libres de la protección, las reglas y las cosas anticuadas que imponen los adultos. Todos de alguna manera buscamos la manera de vivir en libertad y romper con todas estas cosas.
Creemos que la libertad la encontramos rompiendo con las ideas anticuadas y entregándonos sin limite alguno al placer y al deseo, cuando lo hacemos sentimos que hemos roto con "ataduras", "prejuicios" y demás tonterías que lo único que hace es limitarnos.
Pero pronto nos damos cuenta que nuestra supuesta libertad no produce los efectos esperados, rápidamente la emoción por haber roto con todas las ideas tradicionales se esfuma y nos acostumbramos a nuestra nueva forma de vida, sin embargo tampoco encontramos satisfacción y paz al vivir así, ya no hago lo que la moral o la religión impone sino lo que me da la gana, sin embargo tampoco soy feliz, me siento tan vacío y esclavo como antes ¿Qué ha pasado?
Hemos entrado a otro tipo de esclavitud aún peor, la esclavitud de la sensualidad, la carnalidad; entregarnos a los placeres y los deseo esclaviza nuestro corazón. Ahora nuestro cuerpo, nuestra mente, nuestros sentidos solo buscan experimentar lo que el mundo ofrece, y eso nos esclaviza. En realidad lo único que hemos hecho es cambiar de amo
Entonces ¿Dónde podemos encontrar la verdadera libertad?
Jesús dijo: "El que hace pecado esclavo es del pecado… así que si el hijo os libertaré seréis verdaderamente libre" (Juan 8:34-36).
La esclavitud está en el corazón, si cambias tu forma de vida y no cambia tu corazón nunca serás libre de verdad.
Un ratón tenía miedo de todo, era un cobarde, entonces le pide a Dios que lo traslade a una casa con luz y aire y ya no en su hueco oscuro, Dios cumple su deseo y lo lleva a una hermosa casa, pero cuando está en ese lugar nuevamente su corazón se llena de temor pues se encuentra con un gato feroz, entonces desea volverse un gato y así perder su miedo, Dios cumple su deseo y se vuelve un gato, pero pronto se encontró con un perro y volvió a tener temor, entonces deseo ser un perro, y Dios lo volvió a conceder su deseo, pero pronto siendo ya un perro se encontró con un tigre y volvió a pedirle a Dios que lo convierta en un tigre, pero esta vez su deseo no se cumplió, Dios lo miró fijamente a los ojos y volvió a convertirlo en un ratón, entonces muy molesto y alzando la voz reclamo al cielo diciendo ¿Por qué no me has escuchado?, Y Dios le contestó: Aunque cambie tus circunstancias, aunque cambie tu apariencia, tu siempre serás un ratón.
Es nuestro corazón el que tiene que cambiar para que podamos verdaderamente ser libres, y el único que puede hacerlo es Dios. Pruébalo y verás

lunes, 18 de junio de 2007

DIOS TAMBIÈN ES PADRE

Por Alberto Valdivia (sermón del 17/06/207)

Recuerdo el día que estuve en el hospital con mi esposa en el momento en que dio a luz, me parece que sucedió ayer. Escuchar el llanto de mi hijo al nacer, mirarlo en la incubadora tan pequeño e indefenso despertó en mi un sentimiento nuevo, un instinto que hasta ese momento me era desconocido. Ese día fui Padre y mi vida cambio por completo. Desde aquel momento he ido creciendo en este camino de la paternidad, muchas veces equivocándome pero siempre confiando en que Dios me dará las fuerzas para cumplir con mi labor

La palabra Padre en griego y en latín viene de una raíz que tiene tres significados:
Nutridor, el que alimenta, tanto el cuerpo como el alma,
Protector, el que cuida, el que da resguardo
Sustentador, el que sostiene, el que anima, el que da fuerza

Todos necesitamos de un padre (aún los animales), es por eso que Dios nos ha dado un padre terrenal a todos, ellos tienen la responsabilidad de llenar vacíos en nuestras vidas, de guiarnos, protegernos, y sustentarnos. La tarea de un padre no es solo alimentar, vestir y proveer lo económico, su labor más importante es ayudarnos a desarrollarnos íntegramente como personas, darnos un modelo de vida, darnos apoyo emocional y espiritual principalmente en nuestros primeros años

Sin embargo, siendo nuestros padres humanos, muchas veces no logran cumplir con sus responsabilidades a cabalidad, se equivocan, eso causa frustración, resentimientos y dolor en el corazón de muchos hijos
¿Qué podemos hacer ante esta situación?

HAY QUE RECONOCER QUE TENEMOS UN PADRE EN LOS CIELOS QUE SIEMPRE ESTARÁ A NUESTRO LADO


“Aunque mi Padre y mi madre me abandonen, tú Señor, te harás cargo de mí” (Salmo 27:10)

En realidad él es nuestro verdadero Padre, ha delegado algo de sus funciones a nuestros padres terrenales, pero si ellos no pueden cumplirlo, Dios toma esa función paternal que le pertenece primariamente a él. Nuestros padres pueden dejar de actuar como tales, ya sea por que abandonan sus responsabilidades paternales, ya sea porque priorizan lo económico y tienen que dejarnos para encontrar sustento para nosotros en lugares lejanos, ya sea porque cometen errores en sus vidas y nosotros nos vemos afectados o simplemente porque mueren. En medio de esa situación debemos de recordar que nuestro verdadero Padre sigue con nosotros, que cuando nuestros padres terrenales se ausentan o no funcionan como tal, tenemos a Dios quien asume total y plenamente esa función. Jamás debemos sentirnos abandonados o desdichados por esa carestía, encontremos en el Señor el calor de Padre que nos hace falta.

TENEMOS QUE SABER QUE DIOS ES UN PADRE QUE NOS CONOCE PERFECTAMENTE Y QUE ESTÁ DISPUESTO A MOLDEAR NUESTRAS VIDAS

“Señor tú eres nuestro Padre, nosotros somos el barro, tú nuestro alfarero, todos fuimos hechos por ti mismo” (Isaías 64:8)

Dios como Padre, asume la función de Alfarero, nos acaricia (afecto), nos moldea (forma nuestro carácter), y nos vuelve instrumentos útiles. Él tiene el poder para hacerlo.
Debemos de relacionarnos profundamente con nuestro Padre Dios, y encontrar en él todo aquello que no encontramos en nuestros padres terrenales.
En realidad, cada padre terrenal debería de aprender de Dios la paternidad, él es el modelo que todos debemos de imitar, es nuestro deber replicar el corazón amoroso de Dios en nuestras vidas para que nuestro hijos reciban el amor de verdad. Cada padre debería de mantener una relación cercana e íntima con el Señor y aprender de él el amor.

Si comenzamos a ver a Dios como realmente nuestro Padre, y buscamos en él llenar nuestros vacíos, entonces aprenderemos a ver a nuestros padres terrenales con misericordia, con comprensión, a no exigirles aquello que no son capaces de dar, y más bien podremos tener las fuerzas de reconciliarnos con ellos, perdonándoles por habernos fallado y herido. Que así sea.